Actualmente, todo el mundo acepta que la programación en R y la bioinformática (ámbito básico de la biotecnología) son como la leche y el Nesquik: siempre van de la mano. Pero, los no iniciados en R (e incluso los ya iniciados) no ven tan clara esta estrecha relación. La pregunta más importante es: ¿qué diferencia a R de otros lenguajes de programación? 

Su utilidad en el mundo científico reside en su gran capacidad para el análisis estadístico y su representación gráfica, es decir, vamos a tener una imagen muy visual (siendo capaces de exponer los resultados con una gran gama de colores, títulos, subtítulos, gran variedad de tipos de gráfico...) de procesos como el crecimiento de un cultivo bacteriano a determinadas condiciones ambientales, diferencias entre el uso o no uso de un catalizador en una reacción (se podrán representar dos funciones en una misma gráfica) y un largo etcétera.

Hacer ejercicios con infinitas operaciones nunca fue divertido y, gracias a R, podemos elaborar un programa que, con unas instrucciones precisas y sencillas, realice esas aburridas operaciones. Como todos los lenguajes de programación, R procesará estas instrucciones (algoritmos) y nos proporcionará un resultado.